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Viaje a Karlstad y Värmland: trekking en los bosques de Långberget

Långberget, Värmland, Suecia. Día 3 de nuestra aventura, día de trekking. Amanecemos en el Långberget Sporthotell, en plena cima de la montaña homónima, tras una noche de sueño reparador dispuestos a empezar el día con un desayuno fuertecito al estilo sueco … ya sabéis. Y si no lo sabéis, adjunto pruebas visuales de las que ponen los dientes largos y las glándulas salivales a cien: cereales, fresas suecas y otras frutas, filmjölk, embutidos, tomate, pepino, pimiento, queso, mantequilla, pan recién horneado, yogur natural, arenques (¿arenques? Sí, sí, habéis leído bien) … un desayuno sueco en toda regla.

Desayuno pre-trekking en el Långberget Sporthotell en Värmland, Suecia; foto, Israel Úbeda

Desayuno pre-trekking en el Långberget Sporthotell en Värmland, Suecia; foto, Israel Úbeda

El Långberget Sporthotell es uno de esos lugares que están a reventar en plena temporada turística (en la zona hay dos: pleno invierno y pleno verano). Está situado al norte de la región de Värmland a unos 190 kilómetros de Karlstad muy cercano a la frontera con Noruega y con la región sueca de Dalarna.

Suecos, noruegos, daneses, holandeses y alemanes van en busca de las actividades al aire libre que la región ofrece. En invierno miles de personas vienen a entrenar esquí de fondo pues es una de las mejores zonas para hacerlo. En verano la pesca, el trekking, el kayaking, las rutas en canoa y los safaris de avistamiento de alces y castores se cuentan entre las actividades preferidas.

Finalmente unos intrépidos españoles iban a atreverse a realizar alguna de ellas.

Mezcla hispano-sueca de senderistas por los bosques de Långberget, Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

Mezcla hispano-sueca de senderistas por los bosques de Långberget, Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

Tras el desayuno nos encontramos con nuestra guía, perfectamente equipada a diferencia de nosotros, que nos muestra el camino que realizaremos. Tras la experiencia os puedo decir que para los bosques suecos es imprescindible usar ropa y calzado que no cale. Siempre encontraréis terrenos húmedos o encharcados, siempre os puede sorprender una llovizna o incluso un chaparrón. A nosotros los pies nos duraron secos 10 minutos, lo que tardamos en pisar el bosque. Algunos pagamos la novatada.

Maria de Destination Karlstad siguiendo el sendero, foto: Israel Úbeda

Maria de Destination Karlstad siguiendo el sendero, foto: Israel Úbeda

Nuestra ruta era seguir un sendero estrechito, señalado y lleno de vegetación a ambos lados. Llevábamos un ritmo ligero y de vez en cuando nos deteníamos para hacer fotografías, grabar vídeos o simplemente recuperar el aliento pues las subidas y bajadas del terreno aunque no muy fuertes eran constantes. Entre charlas, fotografías y juegos tratando de averiguar de qué películas eran las diferentes bandas sonoras que íbamos tarareando (soy nefasto para ello, lo reconozco) llegamos a una especie de prado que me maravilló. El sitio donde viviría. El sitio donde tú también vivirías. ¿Conoces a alguien que no quisiera vivir aquí? Retírale el saludo en tal caso. Lo ilustro.

El paraje idílico donde más de uno viviría en Långberget, Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

El paraje idílico donde más de uno viviría en Långberget, Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

En este prado me paré a hacer varias fotos en detalle a la vegetación del suelo, especialmente atractiva, esponjosa, recordándome a figuras fractales.

Detalle de la vegetación del prado que me encantó, foto: Israel Úbeda

Detalle de la vegetación del prado que me encantó, foto: Israel Úbeda

Qué mejor lugar para detenernos a hacer un fika que en este idílico entorno. Los suecos, tan previsores ellos, cargaban con termos con agua, café y leche, bolsitas de té, pastas, morotskaka (pastel de zanahoria para chuparse los dedos) y en último lugar pero no menos importante: “protegeposaderas” de plástico, no fuera a ser el caso que nos humedeciéramos en demasía la parte donde la espalda pierde su nombre al aposentarnos en una piedra. Eficacia sueca 100% aun en el medio del bosque.

Fika en pleno bosque en Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

Fika en pleno bosque en Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

Morotskaka: pastel de zanahoria sueco, foto: Israel Úbeda

Morotskaka: pastel de zanahoria sueco, foto: Israel Úbeda

Seguíamos haciendo senderismo mientras la guía se detenía para mostrarnos pisadas (sí, ¡excrementos también!) de alces y otros animales cual Frank de la Jungla sueco. Decididos a explorar el lugar nos subíamos a torres que se emplean en la época de caza para divisar mejor el panorama.

Pisada de alce en el sendero, foto: Israel Úbeda

Pisada de alce en el sendero, foto: Israel Úbeda

David y Javi subidos a una torre de vigilancia empleada en cacerías, foto: Israel Úbeda

David y Javi subidos a una torre de vigilancia empleada en cacerías, foto: Israel Úbeda

Proseguimos montaña arriba y montaña abajo sorprendido por encontrarme a veces con partes del sendero recubiertas de tablones de madera que facilitaban mucho el tránsito. La imagen no me era totalmente extraña pues anteriormente había visto fotos de tramos del Kungsleden o Camino del Rey en la Laponia sueca que también contaba con ellos. Sí me sorprendió la presencia de señales que, en invierno, señalizan el camino a las motos de nieve.

Sendero hecho a base de tablones situado en medio del bosque, foto: Israel Úbeda

Sendero hecho a base de tablones situado en medio del bosque, foto: Israel Úbeda

Marcas para que las motos de nieve se orienten por el bosque, foto: Israel Úbeda

Marcas para que las motos de nieve se orienten por el bosque, foto: Israel Úbeda

Finalmente tras cuatro horas de trekking por el bosque estábamos casi de vuelta en el hotel. La guía tomó un camino particular para enseñarnos unas vistas de la región. Nos detuvimos a escuchar el silencio, recuperamos el aliento, inhalamos y exhalamos el aire purísimo de estos confines, sacamos nuestras máquinas de hacer fotos con una presteza que haría las delicias de los japoneses más japoneses y nos dedicamos a capturar las vistas del lugar. Por mi parte, un par de fotos de alto rango dinámico (espectaculares en días nublados) y una panorámica … ¡et voilà!

Panorámica de las montañas de Värmland en HDR, foto: Israel Úbeda

Panorámica de las montañas de Värmland en HDR, foto: Israel Úbeda

Panorámica de las montañas de Värmland en HDR, foto: Israel Úbeda

Panorámica de las montañas de Värmland en HDR, foto: Israel Úbeda

Panorámica de la región montañosa de Värmland desde Långberget, foto: Israel Úbeda

Panorámica de la región montañosa de Värmland desde Långberget, foto: Israel Úbeda (click para ampliar)

Ahora sí estábamos listos para volver al hotel, llenar nuestros estómagos de nutritiva comida, reposar un rato en las habitaciones y destinar la tarde a navegar en canoa por un lago de la región.

Como es costumbre, me guardo la experiencia para otra entrada en la que os contaré cómo no se debe hacer para zarpar una canoa. David de viajablog y yo lo aprendimos a golpes ante las carcajadas generales de los demás.

Mi foto del trekking en Långberget, Värmland llega a la revista DT

Una de las fotos que hice durante el viaje a Karlstad y Värmland que os voy narrando por episodios ha servido para ilustrar un artículo de la revista DT sobre esta región de Suecia.

La foto escogida para el artículo “Sin cobertura” de la edición para julio/agosto de la revista DT es la que encontráis bajo estas líneas.

Botas de trekking en paisaje de Långberget, Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

Botas de trekking en paisaje de Långberget, Värmland, Suecia; foto: Israel Úbeda

Os cuento una curiosidad de esta foto: las botas que veis no eran de nadie de los que íbamos. Sencillamente estaban allí, perdidas en medio de un campo sueco lejos de todo mundanal ruido. Así que aproveché el acontecimiento para sacar una fotografía que más tarde alguien decidió que servía para ilustrar todo un artículo.

Mi foto de trekking en Långberget, Värmland en la revista DT en edición papel

Mi foto de trekking en Långberget, Värmland en la revista DT en edición papelc

Además, tanto en la edición de papel como en la digital (enlazada arriba) aparecen otras fotos que tomé durante ese interesantísimo viaje por la región de Värmland.

La aldea de El Hobbit se construirá en Estocolmo

El próximo 28 de noviembre se estrenará la esperada película “El Hobbit” en Nueva Zelanda. En Suecia, John Higson pretende construir una aldea entera al estilo de la aldea de Hobbiton de Bilbo Bolsón en El Hobbit.

La casa de hobbit de Simon Dale en Gales modelo para la aldea hobbit en Estocolmo, Suecia

La casa de hobbit de Simon Dale en Gales modelo para la aldea hobbit en Estocolmo, Suecia

John Higson y Marie Eriksson fundaron en 2011 Drömgården una granja y aldea totalmente autosustentable y sostenible. Cuando John conoció la casa al estilo “hobbit” que un galés había construido recientemente se le ocurrió la idea de realizar un poblado compuesto exclusivamente de este tipo de viviendas. El mismo relata: “Vivir en la casa de un hobbit es una manera sostenible e inteligente de vivir en el futuro”.

El lugar escogido para la construcción es Arbottna – Säteri en la isla de Muskö situada en la zona de Haninge al sur Estocolmo. Las casas estarán hechas de materiales naturales como barro, balas de paja y troncos todos fácilmente obtenibles en las cercanías. Además los propietarios podrán participar activamente en la elección de materiales, el diseño de la casa y su construcción obtenido así una casa hobbit personalizada. El emplazamiento no podría ser mejor: bosques, campos y vegetación que ha crecido sin parar. De hecho, el área ha sido inaccesible durante años puesto que era propiedad del ejército y estaba destinada a usos militares hasta que John y Marie la compraron.

Se espera que la primera casa esté construida para finales de 2012 y tras ello se construirán otras quince aunque el número final no se ha decidido aun. La construcción de casas de la aldea de El Hobbit en Suecia cuenta con la supervisión de Simon Dale, el galés que construyó la suya propia y que lleva viviendo en ella ocho años.

Por supuesto no puede existir una aldea de hobbits sin un pub que se precie y parece ser que esa será la primera construcción en realizarse.

Fuentes: aftonbladet, thelocal

Viaje a Karlstad y Värmland: descendiendo el río Klara en nuestra balsa de troncos

¿Recordáis la aventura en Karlstad y Värmland que os empecé a narrar? Me detuve explicando nuestra visita a Vildmark i Värmland para construir una balsa de troncos y descender el río Klara. Hoy, tras el parón veraniego, me propongo explicaros cómo fue aquel espectacular descenso no lleno de complicaciones.

Listos para descender el río Klara, foto: Israel Úbeda

Listos para descender el río Klara, foto: Israel Úbeda

Nos levantamos de mañana en un día soleado y fuimos a desayunar a un hotel próximo al camping. Tras ello volvimos a la orilla del río Klara donde nuestra balsa estaba cargada con todos los enseres necesarios: salvavidas, utensilios para cocinar, alimentos, bebidas, una canoa de emergencia y, muy importante, unos palos larguísimos que serían nuestros aliados en caso de encontrarnos problemas ya que el descenso se hace totalmente solos sin ningún tipo de ayuda externa y sin nadie del staff de Vildmark i Värmland a bordo.

Nuestro trayecto iba a ser de apenas 10 km y unas 4 horas de duración entre Stöllet y Björkebo donde procederíamos al desmantelamiento de la balsa. Sin embargo, hay viajeros y familias que se animan con trayectos de 50 y 100 km de unos 4 y 7 días de duración. ¿Cómo?! ¿Siete días día y noche en una balsa? No, está todo pensado. Cuando te apetece dormir atracas la balsa (o mejor dicho la amarras con las técnicas que te enseñan) y duermes en tierra firme. ¿Y los alimentos? A lo largo del río hay distribuidas tiendas donde puedes comprarlos (si logras detener la balsa a tiempo, claro).

Los peligros a los que uno se enfrenta en el río Klara son las rocas ocultas (o no), los bancos de arena, los rápidos, los árboles a los lados del río y los remolinos entre otros. Además de los que tú decidas causar a bordo como fue nuestro caso :)

Así pues nos lanzamos a navegar tratando de mantenernos siempre en la corriente pues así la balsa iría por la parte más rápida del río y evitaríamos esfuerzos y ganaríamos velocidad.

Los primeros problemas los encontramos en los márgenes del río con los árboles colgando que se enzarzaron más de una vez entre los troncos de la parte superior de nuestra barca. Alguna vez incluso temimos quedarnos sin una parte de ella. Luego más tarde sabríamos que es de lo más común que muchos lleguen con la barca destartalada.

Descendiendo tranquilamente por el río Klara, foto: Israel Úbeda

Descendiendo tranquilamente por el río Klara, foto: Israel Úbeda

En otros momentos todo era tranquilidad y nos permitíamos el lujo de hacer fotos y vídeos constantemente entre bromas y risas hasta que veíamos que la situación presentaba un cambio drástico. Muchas veces hacíamos uso de los palos (calculo que tendrían unos 4 metros) que nos habían proporcionado para separarnos del margen del río o para empujar la barca contra un árbol, etc. Además llevábamos también unos remos de los que hacíamos uso frecuentemente para mantener la barca en la trayectoria deseada.

Remando para salir de un atolladero, foto: Israel Úbeda

Remando para salir de un atolladero, foto: Israel Úbeda

David de viajablog (cuya narración en dos partes de este descenso podéis leer aquí) y yo nos empeñamos en hacer uso de la canoa de emergencia para irnos a dar una vuelta y gastar energías río arriba y río abajo. Casualmente fue al irnos de la balsa cuando los problemas comenzaron y, obviamente, al ser solo tres personas sobre la balsa, tenían más problemas para solucionarlos con lo cual tras una breve excursión decidimos volver.

David y yo en canoa por el río Klara en Suecia

David y yo en canoa por el río Klara en Suecia

Llegaba la hora de satisfacer nuestros estómagos y teníamos a bordo todo el material necesario para preparar una suculenta comida. ¿Qué tal se nos daría realizarla a bordo de una balsa de madera inestable? Maria, de Destination Karlstad, que nos acompañaba en el viaje era la más experta en estos menesteres pues ya había descendido previamente acompañando a otros grupos de periodistas y bloggers. Así que se autodesignó la cocinera.

Comida lista para su preparación, foto: Israel Úbeda

Comida lista para su preparación, foto: Israel Úbeda

Maria preparando köttbullar a bordo de la balsa, foto: Israel Úbeda

Maria preparando köttbullar a bordo de la balsa, foto: Israel Úbeda

En uno de esos infortunios (de los que ahora nos reímos) mientras preparábamos la comida en un hornillo topamos contra unos árboles en el margen del río. Así pues mientras todos atendíamos al problema más inminente que era evitar que las ramas nos destrozaran la barca y se nos llevaran la cabeza a alguno, el hornillo se volcó y se prendió un pequeño fuego a bordo. Y eso dio lugar a uno de los eventos más jocosos a los que haya asistido en mi vida. Imaginaos rodeados de agua por doquier y con un fuego a bordo y ante la pregunta de cómo lo apagamos uno de los miembros (no fui yo, lo juro) decide abrir el termo con el agua para el té y abocarlo sobre el fuego. Todos nos quedamos estupefactos y a día de hoy aun no sabemos si fue una reacción de broma o si bien fue una reacción instintiva en caso de peligro. Eso sí, nos estuvimos riendo el resto del viaje.

Entretanto los paisajes que nos acompañaban eran de este estilo que os voy a ilustrar a continuación.

Paisajes del río Klara en Värmland, Suecia, foto: Israel Úbeda

Paisajes del río Klara en Värmland, Suecia, foto: Israel Úbeda

Paisajes del río Klara en Värmland, Suecia, foto: Israel Úbeda

Paisajes del río Klara en Värmland, Suecia, foto: Israel Úbeda

Paisajes del río Klara en Värmland, Suecia, foto: Israel Úbeda

Paisajes del río Klara en Värmland, Suecia, foto: Israel Úbeda

Finalmente a pocos cientos de metros de nuestro destino nos topamos con uno de los peligros que más desgastan: los remolinos. Sin saber cómo acabamos metidos de lleno en uno de ellos y a pesar de usar las técnicas que nos habían enseñado en el campamento de origen no lográbamos zafarnos de él. Después de más de 8 intentos y tras unos 30 minutos de rifirafe y gracias al esfuerzo conjunto de toda la “tripulación” a las órdenes de la capitana Maria conseguirmos librarnos (sino quizá aun estaríamos allí a día de hoy) y llegar a la zona donde arribar.

Ahora era el momento deseado por David y por mí (ambos somos de esa clase de personas que agua que ven, agua que han de catar sin importar lo fría que esté) para lanzarnos a las gélidas aguas del río Klara y nadar unos metros, esperar que nos lanzaran un cabo y atarlo a tiempo antes de que la corriente se lleve la balsa. Aunque esto mejor lo veis en vídeo.

Tras ello procedimos al desmantelamiento de la balsa que realizamos mucho más rápido que su montaje ya que los troncos los desanudábamos y los dejábamos flotar río abajo donde una especie de presa los atrapaba. Allí más tarde los recogerán, los dejarán secar y los transportarán en camión hacia el norte para que otros amantes de la aventura (quién sabe si vosotros) construirán su propia balsa.

Desmontando la balsa en el río Klara, foto: Israel Úbeda

Desmontando la balsa en el río Klara, foto: Israel Úbeda

Nosotros tras ese largo día nos fuimos derechos a las montañas de Långberget a prepararnos para un safari de avistamiento de alces, trekking por los bosques de la región y canoa en un lago de la zona. En otra entrada os cuento más sobre las diferentes actividades.